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¿ADICCIÓN?

¿Adicción a los teléfonos móviles? ¿O necesidad de estar conectados?

¿Somos adictos a los teléfonos móviles? ¿Deberíamos eliminarlos de nuestras vidas inmediatamente?

Maribel Baena

21 de Febrero de 2017

El domingo pasado, el programa de 'Salvados', de 'La Sexta', tomó el nombre de 'Conectados'. Su contenido, como no podía ser de otra forma, giraba en torno a la adicción que muchas personas tienen de los teléfonos móviles, hablando sobre todo de los jóvenes y de cómo había cambiado con el tiempo la forma de comunicarse.

En el programa se 'analizaba' el comportamiento de muchos jóvenes, que al parecer ahora son adictos al teléfono móvil y a lo que este les proporciona. Se mostró una realidad donde los teléfonos móviles eran algo más tóxico y perjudicial que otra cosa; no se habló de todos los beneficios que tiene el estar conectados en todo momento, sino que se priorizaron todos los aspectos negativos que esta conexión tiene en nosotros. Se habló de seres humanos que estaban poco menos que dejando de ser humanos, porque estaban dejando de relacionarse entre ellos.

Por supuesto, las redes sociales se hicieron eco de todas las críticas que fueron surgiendo a partir del programa de Jordi Évole. El desconcierto fue generalizado; se mostró una opinión muy sesgada sobre la telefonía móvil, se habló sobre una adicción catastrófica y que provoca grandes problemas en la sociedad, pero no se mostró ningún tipo de contrapunto. Los móviles fueron tratados como si de una droga se tratara, y no como lo que realmente son: una herramienta.

Las nuevas tecnologías son herramientas


Tachar a los móviles, o cualquier otra tecnología relativamente reciente, de algo negativo per se es un error. Y es que las nuevas tecnologías no son más que herramientas que nosotros, los seres humanos, vamos usando y adaptando a nuestras necesidades. Somos nosotros los que hacemos un buen uso o un mal uso de los teléfonos móviles.

Una persona que abusa de la tecnología no es una adicta, sin más. Habría que analizar detenidamente el porqué se da ese abuso, puesto que las causas pueden ser miles. Por ejemplo, puede que pase muchas horas con el móvil porque no tiene personas en su entorno con las que pueda relacionarse; en ese caso, el móvil no sería el culpable de su aislamiento social, sino que sería como una especie de salida. Una especie de salvación. Las nuevas tecnologías y todas las herramientas de comunicación que estas proporcionan permiten que personas con gustos muy similares acaben encontrándose gracias a las redes sociales, o a los foros. Esto no implica que esas personas no tengan conocidos, o seres queridos en su entorno; sí, pueden tenerlos, pero han conectado más con personas que se encuentran lejos de ellos.

Hablar de adicción al móvil es un error

Hablar de adicción al móvil es un error


Esto no es ninguna desgracia. Al contrario, es una suerte. Gracias a las nuevas tecnologías, se abre un universo de relaciones hasta ahora desconocido. Podemos crear lazos con personas de culturas totalmente opuestas a la nuestra, con jóvenes que se encuentran en el otro lado del mundo, y esto no hace más que aportar cosas positivas a nuestra vida.

Viajar ya no da tanto miedo, o tanto respeto, porque sabemos que no perderemos el contacto con toda la gente que dejamos atrás. Podremos tener vídeo llamadas con nuestros padres, aunque estos estén a miles de kilómetros de distancia; y si bien no será lo mismo, es mucho mejor que no poder hablar con ellos más que una vez al mes, por ejemplo.

El mito de 'cualquier pasado fue mejor'


Lo que se podía apreciar en el programa de 'Salvados' es que mitificaban el pasado, y las relaciones que antes tenían entre sí los seres humanos. En un momento, un invitado habló de cómo él, en su juventud, no tenía forma ninguna de comunicarse con una persona, a menos que se la encontrara directamente, cara a cara. Hablaba de eso como si fuera lo mejor del mundo, como si los métodos de comunicación que tenemos ahora mismo enturbiaran, de algún modo, nuestra relación con el resto. Se aferraba con tanta fuerza a su juventud que no era capaz de ver más allá.

Seguramente, cuando tenía quince años, hubiera dado cualquier cosa por poder llamar a su madre desde el colegio para decirle que esa tarde llegaría más tarde, que no se preocupara. O por poder llamar a ese familiar que residía en otra ciudad y que se encontraba enfermo, solo para ver cómo se encontraba.

El problema es creer que el hecho de llamar a una persona por teléfono y verla cara a cara es excluyente. No, eso no sucede. Tú puedes hablar con alguien todos los días por WhatsApp, y aprovechar los fines de semana (o los días que tengáis más tiempo libre) para veros, y poneros al día de todo lo que habéis estado haciendo. Puedes mantener el contacto con alguien de otra ciudad, o incluso conocer a alguien que, de otra forma, jamás hubieras tenido la oportunidad de encontrar. Hay parejas que se conocen por redes sociales y que, sin haberse visto, se enamoran con locura; son las que aprovechan la primera oportunidad para verse, para pasar a vivir juntos. No mantiene una relación en línea, sino que hacen de esa relación algo más sólido, físico.

Tener a nuestra disposición las nuevas tecnologías solo aporta cosas positivas. Somos nosotros, los humanos, los que podemos acabar haciendo un mal uso de ellas, pero esos casos son los menos.

Muchas horas delante del móvil. ¿Cuándo es realmente un problema?


Como hemos dicho, el hecho de pasar muchas horas con un teléfono móvil, o con cualquier otro dispositivo electrónico, no tiene por qué ser un problema en sí mismo. Hay quien trabaja a través de un móvil o de un ordenador, por ejemplo, al igual que hay quien desarrolla su creatividad a través de estos dispositivos móviles.

Los móviles no son algo negativo, o algo perjudicial. Son herramientas

Los móviles no son algo negativo, o algo perjudicial. Son herramientas


Los jóvenes que pasan muchas horas conectados a las redes sociales y dejan de lado sus estudios sí que deben ser una preocupación. Pero son jóvenes que, hace treinta años, hubieran hecho lo mismo pero con libros, tebeos, música o, incluso, la televisión. Lo único que ha cambiado es el soporte de distracción, pero la distracción en sí continúa siendo la misma.

No hay que demonizar los teléfonos móviles, sino entenderlos como una herramienta que nos permite avanzar, estar constantemente conectados y, sobre todo, en contacto directo con nuestro entorno.
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