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EXPLOTACIÓN

¿Cuánto cuesta realmente tu móvil? La explotación tras las nuevas tecnologías

Todos tenemos un teléfono móvil de última generación, y, el que no lo tenga, probablemente esté planteándose muy seriamente el comprarlo. Algunos tendrán, incluso, más de uno. Pero, ¿sabéis el coste real de esos terminales? ¿Toda la explotación que se esconde detrás de ellos?

Maribel Baena

19 de Agosto de 2016

De una forma o de otra, prácticamente todas las grandes empresas cuyos productos consumimos explotan a sus trabajadores. Si no lo hacen ellas directamente, lo harán sus subsidiarias. Así funciona el capitalismo, y nuestro sistema de consumo. Los empresarios buscan gastar lo mínimo posible, pagar el menor dinero posible por las materias primas y por el trabajo de fabricación. Así, podrán poner sus productos a un precio más bajo sin perder nada, y manteniendo un nivel estable de beneficios.

Nosotros lo sabemos. Independientemente de que sigamos consumiendo o no, sabemos perfectamente cómo se mantiene el sistema. Muchas veces nos habrá molestado, o habremos cambiado de canal para no ver ese documental en el que se nos muestra la explotación a la que se ven sometidos muchos niños para excavar en las minas de coltán. En más de una ocasión seguro que hemos pensado que no íbamos a consumir más ese producto, o que no íbamos a comprar más esa camiseta de Bershka, puesto que sabíamos dónde se estaba fabricando. Pero el marketing y las estrategias de mercado funcionan, y nos hacen creer que realmente necesitamos esos productos. Al final, acabamos asimilando que no depende de nosotros cambiar la situación y que, hagamos lo que hagamos, la explotación seguirá estando ahí. Pero no es verdad. Sí que podemos cambiar las cosas.

Y una forma de cambiar el mundo es comprender cómo funciona para, así, poco a poco, ir viendo alternativas más justas. Así que vamos a ello.

Las guerrillas en Ruanda y Uganda


La República Democrática del Congo es el tercer país más grande de África, y cuenta con más de sesenta millones de habitantes. Desde hace décadas, este enorme país se encuentra devastado por las guerrillas y por los conflictos, haciendo que las calles sean, en ocasiones, auténticos ríos de sangre.

Mientras que prácticamente el ochenta por ciento de la población del Congo vive con treinta centavos de dólar al día, cada día miles de grandes multinacionales generan millones de dólares de beneficios de forma ilegal en el país. Sobre todo, empresas dedicadas a la fabricación de teléfonos móviles.

Es en este país donde se encuentra una de las mayores reservas del mundo de cobalto, material sin el cual las baterías de litio (sí. La que está dentro de tu móvil, y del mío) no podrían funcionar. Aunque también son uno de los mayores productores de coltán, ya que de las Colinas de Mushangi se fabrica más del sesenta por ciento de todo el coltán que se consume en el mundo. Realmente, lo que nosotros usamos no es el coltán, sino un material que se extrae de este: el tántalo.

Coltán, el material más conflictivo del planeta

Coltán, el material más conflictivo del planeta


Estas colinas se encuentran en una zona muy montañosa, fronteriza con Ruanda y Uganda. Esto no supondría ningún problema, de no ser por la avaricia tan típica del ser humano. Las guerrillas de estos países controlan todas las áreas de explotación; para obtener el material, explotan a grupos muy amplios de niños. Es mucho más sencillo que sean los niños los que realicen este trabajo, debido a su reducido tamaño. La alta mortalidad del proceso de obtención no hay ni que mencionarla, ¿no?

Muchas empresas, al conocer esta situación, se comprometieron a no subvencionar a estas guerrillas. Es decir, buscarían formas alternativas de conseguir el coltán. No obstante, según un informe presentado por Amnistía Internacional, en el que se analizaban informes presentados por más de mil empresas (entre ellas, Apple, Samsung, Sony, Microsoft, Huawei, LG, ZTE y Lenovo), prácticamente el ochenta por ciento de las compañías desconocían si sus productos contienen materiales procedentes de estas zonas. O lo desconocían, o no quisieron desvelarlo.

La explotación en las fábricas


Vamos a hablar primero de un caso particular. En el año 2014, la BBC destapó un importante caso de explotación en una de las fábricas de Apple, en China. Apple negó en todo momento la veracidad del reportaje, pero las imágenes están ahí como prueba clara. Hay que aclarar que, pese a que ahora mismo personalicemos en Apple, no ha sido la única empresa que ha tenido que enfrentarse a estas acusaciones.

El periodista que acudió a la fábrica lo grabó todo en un vídeo que, posteriormente, fue emitido en la BBC. En este, se puede observar cómo los empleados de la fábrica están obligados a trabajar largas e interminables jornadas sin descansos; en ocasiones, tenían que trabajar durante semanas sin un solo día libre. En el vídeo aparecían, también, trabajadores agotados hasta la extenuación, durmiendo sobre la línea de ensamblaje de los terminales.

Joven durmiendo en una fábrica de Apple, documental de la BBC

Joven durmiendo en una fábrica de Apple, documental de la BBC


Pero, como hemos dicho, no es la única compañía que aprovecha la posibilidad de construir fábricas en países en vías de desarrollo para aumentar sus beneficios. Si estas fábricas se situaran en países europeos, o en Estados Unidos, probablemente los impuestos que las empresas se verían obligadas a pagar serían mucho más altas; no solo esto, sino que también los sueldos serían mucho más elevados. Esto haría que sus beneficios fueran más bajos, aunque también proporcionaría a los trabajadores unos sueldos mucho más justos y dignos.

Hay empresas que denuncian abiertamente estas situaciones. En el año 2014, Samsung anuló su contrato con una fábrica que usaba a niños como trabajadores, justo después de que la ONG China Labor Watch la denunciara. La empresa en cuestión era Shinyang Electronics, y obligaba a los menores a trabajar en jornadas de hasta once horas seguidas, sin descansos. Aún queda esperanza.

¿Qué se puede hacer para evitar esto?


Se suele decir que una persona sola, como individuo, poco puede hacer. Pero esto no es verdad. La solución no reside en evitar comprar productos tecnológicos; esto sería marcarnos un imposible como meta. Vivimos en sociedad y, para adaptarnos a la misma, la tecnología es necesaria.

Sí podemos consumir de otra forma. Ni siquiera tendríamos que recurrir a compañías alternativas, que supiéramos que no utilizan coltán en sus productos (aunque esto sería lo más apropiado). También podríamos reducir considerablemente nuestro consumo de dispositivos que contuvieran coltán. Por ejemplo, en lugar de cambiar de móvil cada año, hacerlo cada tres años. Parece un cambio pequeño, pero si todos lo hiciéramos, la producción de coltán ya no sería tan grande.

Otra alternativa es levantar quejas, movilizarnos. Pedir a las grandes multinacionales que dejen de subvencionar guerras, o que dejen de ensamblar sus móviles en fábricas donde los trabajadores estén explotados. En este segundo caso, la empresa sufriría una bajada de beneficios, sí; pero no sería tan importante como para que llegaran a tener pérdidas. Los beneficios que perciben por cada uno de sus terminales son muy, muy amplios, más de lo que podamos llegar a pensar.

Una forma distinta de consumir sí es posible. Solo hay que ser consciente de la realidad, y tratar de cambiarla.
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