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PORTÁTIL GAMER

¿Merece la pena un portátil gamer?

¿Sirve llevar una tarjeta gráfica a la última en un portátil? Sí, pero con mucho cuidado del peso

Yago Rosa Fernández

08 de Enero de 2017

En la década de los años 2010 se ha estado empezando a ver una nueva tendencia en el mundo de los videojuegos. La popularización del medio ha hecho que deje de ser un sector en el que invertir una cantidad de dinero sea visto como una pérdida de tiempo y de recursos que pocos aceptarían como competente hacerlo de forma continuada. De la misma forma, la subida de la edad media de la gente interesada en su hobby ha permitido cierta subida del poder adquisitivo medio, si bien sigue centrándose en unos pocas y limitadas personas que se ven capaces de entrar en la denominada PC Master Race, el término que se le da a la competición con uno mismo y con la comunidad de tener un buen ordenador pensado principalmente para jugar, comentando con sorna el lema 'Que el framerate sea alto y las temperaturas bajas' en alusión a conseguir una calidad de imagen buen y fluida y buena refrigeración.

Es la línea gaming, ordenadores y periféricos pensados con la sola idea de poder conseguir la mejor experiencia de juegos en un extraño baile de CPUs, RAM, GPU y PSU para obtener uno o dos frames por segundo más. Ya poca tiene miedo a hacerse su propio ordenador a medida, pero sigue siendo un terreno algo complicado para algunos y aunque hay algunas tiendas que venden ordenadores montados por piezas por ellos mismos, a los grandes fabricantes de ordenadores no es lo que más les interesa, pues hay un sector que no es tan fácil de personalizar: los portátiles gamers.

¿Cómo es un portátil gamer?

Son muchos los fabricantes que tienen su propia marca centrada de productos gaming, como Predator de Asus, Omen de HP o Alienware de Dell, que buscan diferenciar el sector y vender un nuevo nombre e imagen más centrada en un perfil relativamente joven y con alto poder adquisitivo con la intención de reforzar la imagen de jugador que da al mundo, dejando de lado la típica imagen que se tenía para pasar a otra con diseños y marca agresiva y dinámica. Tanto en el sector de accesorios como el de los ordenadores ya montados, la intención es que cualquier persona que le gusten los videojuegos sienta la tentación de querer tenerlo, ya sea por la potencia o por un aspecto donde no fallan las inspiraciones de metal y el neón futurista gracias a la iluminación LED.

Los portátiles de los que hablamos tienen la particularidad que no se pueden personalizar demasiado, van dentro de la misma línea de productos y son ya acabados sin que el usuario pueda personalizar mucho después de hacerse con él. Esto rompe mucho con la idea de montarse un PC ajustado a tu precio y necesidades, aunque en el momento anterior a la compra se nos deja personalizar algunos de sus aspectos, como puede ser la CPU, RAM o incluso la gráfica y la pantalla, los componentes principales que delimitarán nuestras capacidades con nuesra bestia.

Portátil Omen, marca gaming de HP

Portátil Omen, marca gaming de HP



Por norma general hay algunos aspectos importantes a la hora de vender un portátil como gamer en sí. Lo primero y más fundamental es la gráfica, que debe ser capaz de ejecutar los últimos juegos a 60FPS a 1080p de resolución y todo lo que lo supere es una delicia. Las gráficas más populares son las de Nvidia, en concreto las GTX 1080, 1070 y 1060, con algunos portátiles que incluyen dos 1080 con la sola intención de fardas y generar un ruido comparable al de un huracán. Lo segundo tiene que ver con la particularidad de un portátil, que debe tener una pantalla que acompañe a la gráfica con al menos 1080p a 60FPS para ir pareja a la gráfica y sacarle rendimiento. Le sigue una CPU a ser preferible un i7 aunque i5 no iría mal en modelos asequibles a ser preferibles de las familias 7000 o 6000, con algunos modelos punteros de 5000 que se podrían ver bien. Se acaba con una RAM que al menos sea de 8GB, aunque los 16GB y 32GB se aprecian demasiado a la hora de aprovecharlo para edición de vídeo y modelado 3D.

Todo ello nos muestra que la potencia es todo, pero no olvidan algunas otras funciones, mayormente vanidosas. En el Alienware que hemos podido probar durante un tiempo además de la potencia anteriormente comentada tiene además una suite personalizada de software. Por ejemplo podemos personalizar las luces de los laterales e incluso la del logo (ya me gustaría que Apple permitiese algo más que la manzana blanca), función para gestionar sus propias macros con diversos perfiles e incluso una tabla de sonidos virtual, en la que al pulsar una combinación de botones suena un efecto de sonido lo cual lo hace muy llamativo para los streamers que quieren darle más personalidad a su stream. ¿Es útil? Si eres un streamer que va a agradecer sonidos sí, si no estas funciones estarán desactivadas casi al totalidad del tiempo, pero no hace más que evidenciar el tipo de mercado la que va dirigido, y lo hace muy bien.

La gran pregunta es si merece la pena unportátil gamer, y puedo decir que aunque los precios son desorbitados llegando a más de 2000 euros por uno de gama alta, la verdad es que el tiempo que pasé con uno de ellos ha sido genial. Pude llevarme el portátil a casa de mis amigos y ayudar en temas técnicos y de edición de vídeo, que aunque no lo parezca llevar una tarjeta gráfica potente puede servir no solo para jugar de forma que sea un placer insinuante para mis retinas.

¿Lo compraría? No, sigo viendo mejor precio en un ordenador por partes y tampoco voy a demasiados sitios fuera que aprovechen los componentes, pues para salir sigo llevando mi Chromebook para trabajar en textos. No ayuda el hecho de que pese varios kilos para llevarlo a trabajar en transporte público pero sí para quedar en casa de un amigo y mostrarle un juego o editarle algo de vídeo y sonido. Intento verlo factible para sitios como el próximo MWC pero el gran peso sigue siendo el mayor problema, pues al finales un dispositivo más fácil de transportar pero no tan portátil como otros más modestas, pero la potencia acaba compensando en viajes largos o de trabajo donde se tenga un puesto diferente al habitual y se esté allí durante un par de horas de una sola vez.
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