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LA TECNOFOBIA SIGUE

La llegada de Pokemon Go nos recuerda que sigue existiendo la tecnofobia

Un repentino fenómeno consigue tanto gente dispuesta a apoyarlo como gente que lo ve como si fuese el mal.

Yago Rosa Fernández

30 de Julio de 2016

Realmente no es una nueva historia, ni siquiera es un tema que nos venga de nuevas, pero siempre acaba volviendo ya sea por una cosa u otra, y con un fenómeno como Pokemon Go, no han tardado las críticas en salir otra vez, y tampoco quiero que el tema sea el juego, pero es el ejemplo más reciente y que mejor puede demostrar la tecnofobia, el miedo a la tecnología que cambia el estatus quo de la sociedad.

El pasado viernes en mis sesiones de conexión estaba revisando las noticias y vídeos que varios medios hicieron de la quedada de Pokemon Go organizada por Fever. Todos hablaban de que había sido un éxito rotundo, lo cual es innegable pero no es lo que me llama la atención. Procedo a ver los comentarios que tienen las noticias y se repite un mismo patrón general en todos ellos: críticas a quienes fueron allí, cuestionando su inteligencia, estatus laboral y demás tipo de degradaciones a su persona. Todo ello por el hecho de estar a las siete de la tarde de un jueves de verano en la Puerta del Sol jugando a Pokemon Go con otras personas.

El miedo al cambio y a la tecnología



La críticas proceden de todo tipo de personas, de todos los estratos sociales y edad, todos criticando que la gente se divierta con un medio tecnológico que no es al que están acostumbrados. Critican a la juventud porque, según ellos, 'salen para jugar a un juego pero no a defender sus derecho o buscar trabajo'. No puedo hablar por los miles de personas que había allí, pero en mi caso personas he combinado mi afición a los videojuegos (con Pokemon GO incluído) junto a activismo político de todo tipo, mientras que otras personas que estaban allí eran estudiantes con un excepcional rendimiento académico o incluso un trabajo de gestión intermedia, con lo que esas quejas no hablan por mí ni por muchos de mis conocidos, y son frutos de buscar un culpable a un descontento, algo comprensible en cierto modo pero que no debería usarse así.

Dichos comentarios tienen la reminiscencia del que denomino 'activista de Facebook', que mediante el uso del Efecto Forer (tengo una personal lucha contra ello) intentan buscar una correlación entre las grandes novedades y el descontento general, muchas veces recurriendo a los típicos estados de Facebook con una excesiva simplificación del problema para buscar un único causante.

La llegada de Pokemon Go nos recuerda que sigue existiendo la tecnofobia


Pero no se acusa a Pokemon Go solamente, sino que es un miedo que viene de antes, acusando a la tecnología de casi todos los males de la sociedad, en concreto del de aislarnos de los demás usando como excusa la gente que va en el tren o en el Metro. Realmente no es así, para tomar un ejemplo reciente desde la invención del ferrocarril los viajeros han optado por el periódico, solamente hay que cambiar los móviles de hoy en día por periódicos y tendremos la imagen de arriba, un tren de pasajeros lleno de periódicos.

Esto tiene un significado complejo, pues antiguamente, cuando no había más forma de trasladarse largas distancias que en carroza o carro, los pasajeros se veían con un acompañante por varios días o incluso semanas, con lo que les convenía mucho asegurarse de que eran personas de fiar y por ello entablar conversación, cosa que además servía para matar el tiempo. Con la llegada del ferrocarril los viajes vieron reducida su duración, con lo que hablar con otra personas se dejó de ver necesario, pero se seguía precisando de entretenimiento, y de ahí surgió la popularidad del periódico como un medio para informarse y evadirse de los que iban sentados junto a nosotros.

Al mismo tiempo que surgió el ferrocarril surgieron voces de científicos que aseguraban que los viajes tan rápidos de ferrocarril causará todo tipo de problemas nerviosos, inflamaciones de retina, bronquitis, ansiedad e incluso abortos en mujeres embarazada. De algo podemos sacar una cosa: la tecnofobia no es nada nuevo, lleva con nosotros desde el inicio de los tiempos, solo que en cada momento busca un nuevo objetivo.

Cuando se inventó la bicicleta se dijo que los jóvenes eran unos profanadores según The Christian Advocate, cuando salieron las películas se dijo que los niños que las vieran perderían parte de su infancia al experimentar sensaciones más allá de las de su edad y se calificó a la radio como un invasor de la privacidad de los menores según American Journal of Psichiatry. Eran otros tiempos.

Douglas Adams ya daba una idea de esto, enunciando que todo lo que está en el mundo cuando nacemos es algo normal y que tomamos casi como que ha sido así siempre, lo que salga entre los 15 y 35 años de edad es algo excitante y revolucionario y cualquier cosa que salga a partir de entonces será algo que vaya contra el orden natural de las cosas. Puede resumir en el miedo a lo nuevo con la tecnología como uno de los muchos factores.

La tecnofobia se combate con mucha paciencia sabiendo que no es rápido



Si has llegado hasta aquí, estaremos de acuerdo en que la práctica totalidad de sus quejas no tienen sentido, pero no hay que caer en que no está justificado. Es su forma de ver el mundo y de enfrentarse a algo que les es totalmente ajeno y que por desconocimiento o falta de voluntad no llegan a comprender, y es algo que mismamente nos puede llegar a pasar a nosotros.

En mi caso, mi misma madre decidió preguntarme por Pokemon Go y lo que hice fue explicarlo, y ahora al menos llega a capturar Pokemon y hasta le gusta hacerlo, aunque luego no vaya a por gimnasios ni salga expresamente cuando hay un cebo. El caso es que si alguien demuestra su tecnofobia lo mejor que se puede hacer es explicarlo con una paciencia sobrehumana, algo que yo mismo admito que no puedo cumplir cuando se pasa la línea del descrédito.

Combatir la tecnofobia es algo que debemos hacer de forma activa, ya sea desde este medio como en persona, explicando a la gente que porque cambien las cosas no es el fin del mundo. Tampoco hay que abrazar toda tecnología como si fuese la panacea a los problemas de la sociedad, hay que mantener cierto escepticismo sin que eso nos convierta en lo que nosotros hemos intentado combatir.
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