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REDES SOCIALES

¿Tenemos intimidad con las redes sociales?

¿Tenemos intimidad con las redes sociales? ¿Sigue siendo la intimidad lo mismo que hace treinta años?

Maribel Baena

05 de Marzo de 2016

El concepto de intimidad es un concepto que ha ido cambiando a lo largo de la historia. No era lo mismo cuando nuestros abuelos eran niños, cuando incluso dar un beso a tu pareja en público estaba mal visto, a cuando nuestros padres eran niños, cuando esto estaba mucho más permitido. Si de por sí es un concepto voluble, y que depende ampliamente de la sociedad, imaginaos si a la ecuación le incorporamos las nuevas redes sociales.

Desde publicar una foto en Instagram de lo que hemos desayunado o comido, hasta comentar en Facebook cómo fue nuestra última salida al cine con nuestros amigos, todo eso implica exponernos mucho más de lo que pudiéramos habernos expuesto antes. Porque seguramente tu abuelo no publicaba una foto de sus palomitas bajo el título de 'En Cinesur, viendo Deadpool'. Valoramos muy poco nuestra intimidad, priorizando el hecho de que los demás sepan que lo estamos pasando bien, o lo que estamos haciendo. Pero, ¿hasta qué punto es esto realmente exponernos? ¿Hasta qué punto podríamos perjudicarnos a nosotros mismos?

Un cambio de paradigma


No quiero que esto suene como una crítica; ¿quién no ha publicado el libro que está leyendo en Twitter, o el plan que se dispone a realizar en Facebook? ¿Quién no ha subido fotos de sus salidas en cualquier red social? Todavía estamos aprendiendo a usar las redes sociales; somos novatos en este mundo de internet, pese a que nuestros primos más pequeños sean ya prácticamente nativos. Pero no nosotros. Nosotros nos criamos con otra idea de lo que era la intimidad. Y si no, decídselo a mi prima de catorce años, que se sorprendió cuando le dije que me parecía una locura que publicara su número de teléfono en su biografía de Instagram. '¿Y si te molestan? ¿Y si te llaman?'. 'Los bloqueo'. Tan sencillo como eso, o, al menos, así lo ve ella.

¿Mantenemos nuestra intimidad con las redes sociales?

¿Mantenemos nuestra intimidad con las redes sociales?


Pero podría ser mucho más complicado. Los casos de bullying a través de redes sociales han aumentado increíblemente y, si alguien decidiera molestar a mi prima, por ejemplo, podría hacerlo. Sería tan sencillo como llamarla con número oculto, hora tras hora; mandarle mensajes a WhatsApp hasta que le bloqueara y, entonces, recurrir a los SMS. Mas, ¿por qué ella no ve ese peligro, cuando nosotros podemos verlo tan claramente? Quizás por el mismo hecho de ser nativos de internet, los jóvenes son más susceptibles a no terminar de comprender los riesgos que están corriendo. O, quizás, realmente tenemos conceptos distintos de intimidad.

A mí llega a resultarme escabroso pensar que cualquier persona puede saber qué día fui al cine, y a qué hora. No obstante, con cerrar a cal y canto mis redes sociales y controlar a quién tengo como amigos, basta. ¿O no?

Estamos ante un problema que, más que un problema (puesto que no tiene una solución) es una encrucijada, un cambio a la hora de relacionarnos con los demás, incluso con nosotros mismos. Como he dicho, el concepto de intimidad está cambiando.

Publicar más de lo que deberíamos


El tema que voy a mencionar ahora es, sin duda, complicado. Porque, sí, voy a hablar de los desnudos en internet. No solo de los desnudos físicos, sino también de los desnudos 'psicológicos'. Estos últimos podrían, incluso, parecerme más sensibles, puesto que, cuando publicas una foto de tu cuerpo, tú ya sabes que te expones a recibir opiniones tanto negativas como positivas (no debería ser así, pero lo es. La gente tiende a opinar de todo lo que ve). Y no importa, porque no deja de ser un cuerpo, un físico, una envoltura. El problema fundamental radica en cuando nos dedicamos a publicar nuestra vida privada en todas las redes sociales.

Por supuesto, aquí se encuentra la libertad de cada uno de hacer lo que considere buenamente oportuno. No obstante, si publicamos información sobre nuestra familia, por ejemplo, estamos asumiendo previamente que absolutamente todo el mundo podrá leer esa información. Todo el mundo. Quizás es eso lo que no llegamos a captar al completo; no solo lo van a leer tus amigos, sino que podrá leerlo absolutamente cualquier persona que pueda tener acceso a tu perfil en esa red social. Si tu perfil es público, cualquier persona, literalmente, podrá leerlo.

Los casos de bullying a través de redes sociales se han multiplicado en los últimos años

Los casos de bullying a través de redes sociales se han multiplicado en los últimos años


Y, ¿realmente quieres que todo el mundo pueda saber eso? Es aquí donde tenemos que redefinir el concepto de intimidad. ¿Hasta qué punto estamos dispuestos a exponernos? ¿Qué debería hacer la legislación al respecto? Si mi cuenta de Twitter está privada, pero alguien hace un pantallazo a algo que he dicho, ¿tiene derecho a publicarlo? ¿O podría denunciarlo por hacerlo?

El caso de los desnudos físicos ha sido muy controvertido. Si yo publico una fotografía mía desnuda, y alguien la publica en otro sitio, ¿puedo denunciarle? ¿O, al haberla hecha yo pública, ya no tengo derecho? La tecnología avanza mucho más rápido de lo que nosotros lo estamos haciendo a nivel cultural, y nos empuja a ir cambiando a un ritmo atroz.

Yo, y mi yo digital


Es especialmente relevante el hecho de que, al comenzar a usar internet como medio principal de comunicación, estamos creando identidades digitales. En la mayor parte de las ocasiones, la identidad digital se corresponde con nuestra identidad real; es decir, decimos ser en internet quienes realmente somos. Pero también hay personas que, como ya habréis oído decir más de una vez, fingen ser quienes no son en internet. Desde los casos más espeluznantes (como esos adultos que se hacen pasar por jóvenes para obtener fotos de chicas) hasta los casos más absurdos (como inventarte una vida que no tienes simplemente para tener un nuevo círculo de amistades), todos implican un desdoblamiento de tu personalidad. Porque, psicológicamente, acaba afectando que te hagas pasar por una persona que no eres; en los casos más extremos, puedes incluso llegar a creerte tus propias mentiras, y hacer de ellas una realidad. Por supuesto, nada que ver con los juegos en rol; aquí hablamos de hacerse pasar por una persona totalmente distinta, no de un juego.

El problema reside en que, sin que nos demos cuenta, comencemos a sentirnos cada vez más y más abstraídos; ¿nunca habéis oído hablar de ese vecino, primo, o conocido, que solo sabe tener relaciones por internet? Le es imposible realizar un contacto cara a cara, físico, directo, con otra persona. Su identidad, su yo, se ve sometido a las redes sociales, a la tecnología; incluso él mismo cambia su ser, dependiendo de si tiene una pantalla para comunicarse o no.

Todo esto es un extremo, por supuesto. Las redes sociales no tienen que llevarnos a perder el control de aquello que hacemos o pensamos, ni mucho menos; bien usadas, pueden llegar a ser una herramienta vital para relacionarnos de otra forma con nuestro entorno. Pero, para eso, debemos educarnos. Debemos saber poner unos límites, ver hasta dónde estamos dispuestos a mostrar de nosotros mismos sin que eso pueda llegar a perjudicarnos en un futuro; tenemos que delinear, de nuevo, qué es la intimidad, y cómo internet repercute en ella.
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